lunes, 18 de septiembre de 2017

¿CÓMO EVOLUCIONAN LOS MERCADOS? – EL CASO DE LAS EMPRESAS AÉREAS DE BAJO COSTO

Pablo Lucio Paredes

 Los mercados evolucionan en base a la competencia y la innovación para mejorar la calidad de vida de sus clientes. Así es como la humanidad ha ido mejorando al menos en los últimos 500 años. A veces eso se refleja en nuevos productos o servicios (ejemplo cuando surge Internet). A veces en mejoras de calidad que potencian el servicio ofertado (ejemplo, los celulares con nuevas aplicaciones o características). A veces en reducciones de costos que permiten bajas de precios que amplían el acceso a los mercados a personas que antes no podían hacerlo y esto se logra en base a avances tecnológicos como tales o mejoras en la gestión. Esto último es lo que ha sucedido con las compañías aéreas de bajo costo que se han ido multiplicando en el mundo en los últimos 10 a 15 años.



Su multiplicación se refleja en una serie de datos que The Wall Street Journal ejemplifica en un reciente artículo:
*de los 3.5 mil millones de viajes en el mundo (es impresionante, si cada persona solo viajara una vez al año esto equivale a que la mitad de los habitantes del mundo harían un viaje al año en avión,), estas empresas cubren ya 1.000 millones, es decir un 30%.
*en ciertos lugares como el Sur y Sudeste asiático ya cubren más del 50% del mercado y están alrededor del 30% en Europa y América (solo el Este de Asia este aún rezagado). Por ejemplo en Europa Ryanair transporta 110 millones de personas e Easy Jet 75 millones, mientras compañías más tradicionales como Lufthansa o British Airways están en 75 y 50 millones respectivamente.
*Esto en particular se ha logrado aumentando las opciones de viajes, entre ciudades. Antes para llegar a ciudades medianas había que transitar por las grandes ciudades, ahora hay conexiones mucho más directas. Tan es así que el número de viajes entre ciudades ha pasado de 10.000 a 20.000 en 20 años. Un progreso impresionante en calidad de viajes.
*Los precios por viaje han bajado en promedio de 1.000 a 300 dólares (claro, hay que tomar en cuenta que ahora hay viajes más cortos y por ende el promedio es lógico baje), pero ciertamente en valor real es ahora más barato viajar que en el pasado, y por eso mucha más gente viaja.
*Todo esto tiene que ver con cambios diversos que han llevado a radicales cambios en costos: por ejemplo las compañías tradicionales tienen costos del orden de 11 centavos por milla y por pasajero (sin tomar en cuenta combustible), mientras las compañías de bajo costo están hacia los 5, 6 o 7 centavos (e incluso Ryanair hacia 4 centavos).
*Parte de esto se logra a través de un mecanismo de precios que algunos critican (pero en realidad al que no le gusta tiene la opción de viajar en las empresas que no usan estos mecanismos): la discriminación de precios. Concepto muy sencillo que nos dice: si alguien no lleva equipaje pesado por qué debe pagar por los que sí llevan, el que no quiere comer en el avión por qué debe pagar por el que sí quiere, por qué el que si acepta ciertamente incomodidad debe pagar por el que busca mayor comodidad etc.. Y de esta manera hay precios básicos más bajos, y se paga un adicional (alto) por el resto de comodidades. No tiene por qué estar todo incluido en el precio de base.



Así es como los mercados van mejorando la vida de la gente, y sobre todo llegando a estratos que antes no accedían. 


jueves, 17 de agosto de 2017

LA TRANSFERENCIA DE NEYMAR Y COMO SE CAPTA VALOR EN LA ECONOMIA

Pablo Lucio Paredes

El mundo del fútbol ha sido sacudido con la transferencia de Neymar del Barcelona al PSG por 222 millones de euros (más una serie de otros costos, con lo cual la operación realmente les cuesta a los dueños del club cerca de 500 millones, incluyendo importantes impuestos). 

Algunos gritan que estos es inaceptable, no puede el jugador valer tanto y recibir tanto. Por eso vale empezar preguntándonos ¿cómo se reparte el valor en cualquier actividad económica? Y tomaremos como ejemplo algo cercano para mucha gente como usuario o incluso como emprendedor: un restaurant. Imaginemos que los usuarios pagan 100 dólares y nos preguntamos, ¿de esos 100, cuánto irá a los dueños, a los empleados, a los proveedores, o a quien les alquila el local? (no tomamos en cuenta al fisco porque antes de los 100, este ya se llevó la tajada que quiso, de manera obligatoria, sin tener que justificarla). La respuesta depende esencialmente de qué tipo de restaurant estamos hablando.

Caso 1. Restaurante “normal” en todos los aspectos, de los que uno encuentra cientos en una ciudad, muy útiles pero similares. En este caso el dueño tendrá una rentabilidad “normal” sobre su inversión (ejemplo 10%), los trabajadores recibirán un sueldo “normal” para el sector (digamos alrededor del básico), el dueño del local un alquiler “normal” (5 dólares el m2, por poner un número).

Caso 2. El restaurante tiene una particularidad que lo vuelve más atractivo que los “normales”: una vista espectacular de la ciudad, lo cual le permite tener más clientes, poder cobrar más y sobre todo tener un mayor ingreso: 150 en lugar de 100. Nos preguntamos entonces ¿a quién van esos 50 adicionales? Y la respuesta es directa: una parte importante al dueño del local, porque él es el que permite generar el valor adicional. Eso le va a expresar al empresario del restaurante, pidiéndole un alquilar más alto (10 dólares el m2 en lugar de 5), y si no es aceptada su oferta, él preferirá alquilarlo a otro empresario que sí esté dispuesto a pagar por la vista.

Caso 3. La ventaja del restaurante es tener un chef que atrae más clientela e ingresos por la calidad extraordinaria de sus preparaciones: él captará una parte importante del valor adicional. Si no es así, él ofrecerá su servicios, mejor remunerados, en otro restaurante … o pondrá el suyo propio!

Bueno, podemos seguir de la misma manera, pero está claro que más allá de la “normalidad”, el valor va a los factores de producción que aportan algo adicional, diferente, valioso, escaso (y difícil de imitar por supuesto, sino ese valor se torna “normal”).   

Vamos entonces al mundo del fútbol (o de cualquier deporte). Hay miles de equipo “normales”, pero incluso en ese caso, sucede algo fundamental: los jugadores captan alrededor del 70% de los ingresos de los clubs, porque ellos son los que aportan el valor (los últimos años, los entrenadores se han ido posicionando también como muy importantes para captar algo más de valor). Pero más allá de esta situación general, hay algunos clubs en el mundo (Real Madrid, Manchester y quizás unos 10 más) que tienen algo diferente que los demás: su calidad, nombre, atractivo etc… y por ende captan una enorme cantidad del valor del mercado (presupuestos por encima de los 500 millones anuales). Y viene en cascada la pregunta: ¿y ese valor grande que captan estos equipos, a quién se reparte? Ya lo dijimos: en un 70% a los jugadores, pero dentro de esto mayoritariamente a las grandes estrellas (los Messi, Ronaldo, Neymar etc…), porque ellos son los que aportan parte de la calidad, espectáculo, nombre etc… Y entonces a medida que han subido los ingresos de los clubs (el del Real Madrid por ejemplo ha pasado de 150 a 800 millones en 16 años), lo que ellos reciben también aumenta. En realidad la mayor parte de las grandes transferencias (ver gráfico adjunto) corresponden a un 20% de los ingresos anuales de un club, salvo 2 casos en el pasado (Zidane y Figo al Real Madrid con alrededor del 50% de los ingresos del club en la época … lo cual querría decir que hoy pagarían por ellos cerca de 400 millones!) … y ahora Neymar (a quien PSG paga el 40% de sus ingresos... aunque hay dudas sobre qué tan reales son esos ingresos declarados).  

Efectivamente el brasilero es caro en relación a los estándares generales. Pero los dueños del PSG (qataríes) lo hacen por varias razones que giran alrededor de un hecho: quieren subir el nivel del PSG al de los más grandes. Ciertamente en lo deportivo: por ejemplo, por fin ganar una Copa de Campeones en Europa, aunque según The Economist solo aumenta en 5% las probabilidades con la llegada de Neymar. En lo económico directamente: más espectadores, más camisetas vendidas (ojo, Neymar tiene 79 millones de visitantes en Instagram!). En lo económico indirectamente: mayores derechos de TV, más imagen y marca lo cual implica que los sponsors paguen más (el propio The Economist nos dice que el Barcelona cobra anualmente 115 millones a Nike por usar su equipamiento, mientras PSG solo está en 25 millones). Pero además hay un interés “político”: posicionar el Mundial de Qatar del 2022  que tiene muy mala imagen por la manera cómo posiblemente se consiguió y el poco atractivo deportivo del lugar, y posicionar al propio Qatar.

Neymar es una gran operación deportiva y de marca, cuyos resultados veremos en el futuro. Pero recordemos dos cosas importantes para los que se escandalizan ante estos montos enormes. Uno, si no lo reciben los jugadores este dinero irá a los dueños, a las televisiones etc… porque el valor está ahí generado por los espectadores que se interesan en el deporte, y a alguna parte debe ir. Dos, para evitar estos suceda, hay una manera muy sencilla: dejemos de interesarnos en el fútbol, su valor caerá automáticamente!         

Fuente: The Economist

viernes, 11 de agosto de 2017

LA ECONOMÍA POLÍTICA DEL PODER EN ECUADOR

Pedro Romero Alemán

Empecemos por reflexionar cómo era el sistema político de Ecuador hasta el 2007. Efectivamente, tuvo su origen en el retorno a la democracia en 1979, luego de las dictaduras de J. Velasco Ibarra, la del Gral. G. Rodríguez Lara y la del triunvirato militar que tuvieron lugar entre 1970 y 1979. Durante los años previos al retorno a la democracia, también ocurrió un evento económico de suma importancia en el país, finalmente nos convertimos en un exportador de petróleo. La bonanza económica parecía que nunca se iba a acabar, no importaba cuan mal se manejaran las finanzas públicas, pero se acabó en 1980. El endeudamiento externo apoteósico al que había dado lugar el ‘oro negro’; de un poco más de $300 millones en 1972 a $4400 millones de dólares en 1981; dio paso a la creciente devaluación e inflación que sería característica habitual de los próximos veinte años en el país. Algo, que debe enfatizarse es la relación entre las políticas de ajuste entre 1981 y 2000 y los desequilibrios macroeconómicos de la década de 1970 provocados por la ilusión de que el dinero del petróleo siempre iba a sobrar.

El sistema político que rigió entre 1979 y 2007; a pesar de las dos constituciones que tuvo el período la de 1979 y la de 1998; se puede describir como uno en el que el poder político se dividió entre sus principales partidos: el Partido Social Cristiano del líder León Febres Cordero, la Democracia Popular del líder Osvaldo Hurtado y en cierta medida la Izquierda Democrática del líder Rodrigo Borja. Al decir, que el poder estaba dividido entre estos partidos se implica que la función ejecutiva, legislativa, y judicial no estaban concentradas en uno sólo de ellos. Incluso la función electoral era controlada de manera compartida por estas fuerzas.

Ahora, cuando decimos que estaba dividido no debe entenderse esto como una división de poderes con instituciones fuertes, sino sólo que estaba repartido pero que las instituciones políticas eran débiles. Por ejemplo, según el World Governance Indicators publicados por el Banco Mundial, en el índice de Estado de Derecho entre 1998 y 2008 el Ecuador empeoró su ubicación con una calidad institucional más cercana a Venezuela, Sudán, e incluso Sierra Leona; pero a su vez muy lejana de países como Estonia, Suiza, y Panamá. Al mismo tiempo, como si habían restricciones al poder ejecutivo el índice de Polity IV elaborado por el Center for Systemic Peace calificaba a Ecuador como menos autoritario entre 1990 y 2008, luego de lo cual nos calificó como un país más autoritario por la eliminación de restricciones al ejecutivo. En este último índice ya a Ecuador no se lo ubica dentro de los países con democracias sólidas sino lo que denominan como ‘anocracia’ que básicamente describe países con elecciones pero con instituciones capturadas por un ejecutivo sin límites.

Rafael Correa, capitalizó sobre la insatisfacción popular con el régimen político anterior, pero, en lugar de sentar las bases de uno con instituciones políticas más fuertes, en realidad ha provocado un mayor deterioro de las mismas. Antes, los líderes populistas apoyados en una ideología de izquierda ganaban las elecciones con esa plataforma pero al momento de llegar al poder asentían con ese status quo; y aquel que no lo hiciere era cesado en sus funciones y hasta exiliado del país. Ya no fue así, desde el 2007. El cambio que muchos seguidores de este nuevo status quo celebran es que ya no son las mismas caras las que toman las decisiones más importantes, otorgan contratos, o bloquean a nuevos líderes, sino que es alguien diferente que sí los toma en cuenta aun cuando los cambios requeridos no han ocurrido. La paradoja es que esa misma estructura institucional débil que les permitía controlar a los ejecutivos hasta 2007, es la que facilitó que oportunistas como Correa concentrarán todos los poderes.

Voy a usar teoría de juegos para explicar de manera general lo anterior. El equilibrio institucional del viejo régimen se describe como un dilema de prisionero entre el status quo y el candidato que buscaba la presidencia. El status quo define si el país tiene una institucionalidad débil o fuerte, mientras que el candidato si asiente o se rebela contra ello. El cuadro indica los números que señalan los pagos, donde para cada par (a, b) el primer pago corresponde al jugador horizontal y el segundo al vertical. En nuestro caso, el status quo y candidato, respectivamente. El equilibrio del mismo se da por el par (2,2), demuestra que tanto el status quo como el candidato retador mejoraban su posición de pagos con una institucionalidad débil y el retador asintiendo.

Cuadro 1
Viejo Régimen

Asiente
Rebela
Débil
2,2
4,1
Fuerte
1,4
3,3
Lo que muchos votantes esperaron con la llegada de Alianza País (AP) era un movimiento hacia el par (3,3). Pero lo que más bien pasó fue que se estableció un nuevo régimen luego del congreso de los manteles. En el que el nuevo status quo detenta monolíticamente el poder y está en manos de AP. En este nuevo dilema de prisionero que la sociedad enfrenta los retadores tienen aún menos recompensas por rebelarse, según el Cuadro 2.

 Cuadro 2
Régimen AP

Asiente
Rebela
Débil
4,3
3,0
Fuerte
0,3
2,2
En el nuevo equilibrio (4,3) la asimetría se explica por la concentración de poder en un solo partido. Pero, la solución no es simplemente rebelarse y seguir jugando bajo el juego de AP, ni tampoco volver al viejo régimen. Lo más importante es que todos los insatisfechos con el régimen de AP; tanto los que votaron por G. Lasso como los que anularon y hasta ausentes; establezcan un nuevo orden que descanse sobre una fuerte institucionalidad donde las cortes de justicia no sean capturadas por ningún político, y la sociedad civil sea la que tenga el rol protagónico. La ‘revolución ciudadana’ sólo ha significado un reemplazo del poder político anterior por uno solamente concentrado en ellos, empeorando nuestra institucionalidad ya débil de por sí.  

miércoles, 2 de agosto de 2017

Response of James K. Galbraith, Ha-Joon Chang, and +29 Economist to our post “Ecuador's Macroeconomic Alternative Facts: Debunking the Distorted Analysis of 50+ Economists”

The following post is the response of James K. Galbraith, Ha-Joon Chang, and +29 Economist to the previous entry Ecuador's Macroeconomic Alternative Facts: Debunking the Distorted Analysis of 50+ Economists published on March 30. We publish here the entire document sent via email by William K. Black.


Dear Professors Uribe-Teran and Vega-Garcia,
(Transmitted via email by William K. Black  blackw@umkc.edu)

We have read your response to our economists’ letter of March 30, which claims to refute “imprecise and false macroeconomic statements.”

We note that your response does not challenge any of the facts stated in our letter, nor does it show anything in our letter to be overstated, misleading, or exaggerated. In fact, it challenges only a few sentences, mostly by misrepresenting what we actually wrote. 

For example, you state:

The authors also mention that the fall in GDP per capita from 1980 to 2000 is explained entirely by the loan agreements with the IMF.”

But we did not say anything remotely like that. In fact, the IMF appears just twice in our letter, in these two sentences:

From 1980 to 2000, a period during which Ecuador had a number of loan agreements with the International Monetary Fund, Ecuador experienced a considerable economic failure, as GDP per capita fell by 1.5 percent over those two decades.”

And:

“For example, a 2002 law supported by the IMF and World Bank required that Ecuador’s Stabilization Fund, an entity created with, and which received, revenues from oil exports, spend 70 percent of its revenues on debt payments, but just 10 percent on social spending.”
The reader can infer that the IMF may have contributed to this unprecedented long-term economic failure — which it did — but by no means does it say that the whole disaster is “entirely explained by the loan agreements with the IMF.”

Your response also states: “Arguing that Correa’s administration has implemented countercyclical fiscal policy could not be further from the truth.”

Our letter mentions counter-cyclical fiscal policy in just this one place: 

…innovative and important reforms that the Ecuadorian government has enacted that have played an instrumental role and allowed the country to emerge, relatively unscathed, from the 2009 Global Recession and the more recent collapse in oil prices. These reforms included bringing the central bank into the government’s economic team, a tax on capital exiting the country, a large increase in public investment, re-regulation of the financial sector, and counter-cyclical fiscal policy.

You object that fiscal policy was not generally counter-cyclical during the decade, but as can be seen clearly above, we did not say that it was. There was indeed a large fiscal stimulus (see below) that counteracted the 2009 recession, and so the statement quoted above is true. (We address your claim of pro-cyclical fiscal policy in greater detail below.)

This takes care of your objections to what we actually wrote. Now, you also raise some issues in which you present your own interpretation of the data of the past 10 years. This is another story, and something that we examine below. But please note that none of what you wrote supports your completely unsubstantiated and rather reckless claim to “refute the imprecise and false macroeconomic statements (or the so-called ‘alternative facts’) presented” in our letter.

You noted that the growth of GDP per capita from 2000 to 2006 was faster than the growth over the last decade. However, it is not impressive that you can find a six-year period (2000–2006), in which annual per capita GDP growth was faster than during the last decade. The years 2000–2006 began with a recovery from a very deep recession (see below). By comparison, Correa’s term began with an economy that was near the peak of the prior 2000–2006 expansion; and the Correa decade also had two major oil price collapses, one of which, as noted above, came with the world financial crisis and recession. Given these conditions, and comparing as we did to the entire 26 years prior to the Correa government, it is fair to say that the growth record of the past decade is a substantial improvement over the past.

You state:

During Correa’s administration, oil prices explain not only Ecuador’s economic growth but also the economic downturns. The correlation between real GDP growth and oil prices during that period is 0.94. In contrast, between 2001 and 2006 the correlation falls to 0.27. Graph 1 shows the real GDP growth and the WTI price from 2001 to 2016. [emphasis added]

This is a strong statement that Ecuador’s economic growth during the Correa decade is simply a result of an increase in oil prices. There is little doubt that an increase in oil prices will generally contribute to increased GDP growth for an oil-exporting country. However, there are a number of ways in which an increase in oil prices can impact economic growth, and most of them can be greatly affected by government policy. If the government were to increase royalties or taxes on foreign-owned production that enable it to capture more of the windfall gains domestically, and if the government were to spend increased tax revenue from both foreign- and domestically owned production that would otherwise not have contributed to domestic aggregate demand, this would contribute to economic growth. In fact, the government’s oil revenues adjusted for changes in the price of oil tripled from $1.85 billion in 2007 to $5.4 billion in 2016.[1]

If the government during this period makes it more difficult for capital to leave the country by taxing capital flight, this would also increase the impact of the oil windfall on economic growth. And of course expansionary fiscal and monetary policies can also contribute to growth. The Ecuadorian government enacted all of these policies and more (see below) under Correa; but you appear to assume that these policy changes had no positive impact on economic growth.

There were other counter-cyclical policies that also contributed substantially to economic growth during the Correa years: for example, the import tariffs implemented beginning in March 2015 under the WTO’s rules for a temporary balance of payments safeguard added approximately 7.6 percent of GDP over two years.

Furthermore, you make this extreme assertion that the rise in oil prices is, by itself, the explanation of Ecuador’s economic growth over the last decade, on the basis of nothing more than a correlation between oil prices and GDP growth. This is clearly insufficient to support your claim.
We reproduce your Graph 1 in our Figure 1A below.

Figure 1A: Annual Real GDP Growth and Oil Prices, 2000–2016
Source: Central Bank of Ecuador, U.S. Energy Information Administration, and authors’ calculations

Figure 1A illustrates a correlation between oil prices and GDP growth. However, although oil prices produce a windfall in the oil sector, there is no guarantee that this would result in increased oil production, and without increasing real oil production, oil that sells at a higher price does not by itself raise real GDP. Ecuador is a member of OPEC — a cartel that aims to control oil prices through production agreements. Thus, we may expect some of the windfall to be a consequence of forgoing significant increases in production. Furthermore, windfall profits in oil may be captured by foreign investors, or spent on increased imports rather than stimulating demand for production in domestic non-oil sectors. The observed correlation between real GDP growth and oil prices is not enough to tell us what happened.

We can see this from Figure 1B below, which shows a similar correlation between import prices and GDP growth.

Figure 1B: Annual Real GDP Growth and Import Prices 2000–2016
Source: Central Bank of Ecuador and authors’ calculations

If we look at the direct contribution of the petroleum sector to real GDP growth, it has not been large during the Correa administration. Rather, there were significant increases in this contribution to growth in the years prior — particularly in late 2003 and early 2004. This can be seen in Figure 2.

Figure 2: Contributions to Growth from Petroleum-related Sectors
Source: Central Bank of Ecuador and authors’ calculations

Of course, the increased oil prices can also have an indirect effect on real GDP growth. And as noted above, the policies of the Correa government in capturing the windfall from the rise in oil prices, and spending it, were a substantial part of this indirect effect.

It is also worth noting that there was a substantial run-up in oil prices during the six years prior to the Correa administration, which you use as a benchmark. Oil prices as measured by World Trade Index crude more than doubled from $30.26 per barrel in 2000 to $66 in 2006.

You state that Ecuador’s fiscal policy has been strongly pro-cyclical, but again, the evidence presented here is less than it appears. It is not clear what expenditure data you employ in your Graphs 4A and 4B. However, if we use real general government consumption, the story changes somewhat from your presentation:


Figure 4:  Cyclical Components of Real Government Consumption and Real GDP
Source: Central Bank of Ecuador and authors’ calculations

It appears that your approach suggests that direct spending on goods and services was indeed running counter to the business cycle for several years into the Correa administration, if not more recently. However, the filtering techniques that you used for cycle extraction are very unreliable ― particularly at the data frontier.[1] In 2014, for example, both government consumption and output appear to have been running co-cyclically above trend for several years. However, had we performed the same analysis at the start of 2015 — based on data through 2014 — we would have found both had dropped below trend. Within your proposed framework, policymakers would have — based on real-time estimates— been misled. Such errors in policymaking resulting from unreliable estimates of trends may even cause unintentional co-cyclicality. That is, we must allow for the possibility that pro-cyclical outcomes were not a matter of policy.

On the other hand, we know that the Correa administration intended to engage in countercyclical fiscal policy during the earlier downturn. Thus, we forgo trend filtering and take a more direct look at the expenditure data.

Figure 5 shows total primary (non-interest) expenditures since 2000.[2] The monthly data has been seasonally adjusted using STL (Seasonal and Trend decomposition using Loess), and the resulting quarterly sums adjusted for inflation using the GDP deflator.

Figure 5: Total Primary Expenditures by Non-Financial Government
Sources: Central Bank of Ecuador and authors’ calculations
Quarters in which real GDP is reported as below an earlier peak are marked in gray.

There is a pretty clear increase in the growth of expenditures around the time that Correa took office. This trend has stalled or reversed in the last couple years, peaking in the fourth quarter of 2014 — just prior to the start of the most recent downturn. On top of the general increase in government spending, there was a sharp increase in spending during the year 2008, peaking with the business cycle in the fourth quarter.

This seems to suggest pro-cyclical policy during the Correa administration, if not so much prior, but a closer examination reveals an important complication. Starting in 2008, the expenditure numbers began including Financiamiento de Derivados Deficitarios (CFDD) operations.[1] As petroleum prices have coincided with the business cycle, this has produced spending cycles that also coincide with the cycle, as we see in Figure 6.

Figure 6: “Other” Primary Expenditures
Sources: Central Bank of Ecuador and authors’ calculations

It is important to note for purposes here that such CFDD expenditures are explicitly imports of refined petroleum products. Indeed, the same fluctuations appear in 2008, when CFDD operations were added to petroleum income as well. It simply makes no sense to think of these fluctuations as connected to fiscal policy. They are directly moved by the price of oil.

Once we remove these “other” expenditures from the data, much of the increase in trend growth of expenditures vanishes, and the apparent pro-cyclicality of spending disappears for salaries, direct purchases of goods and services, Social Security spending, and capital expenditures ― which, for lack of a better term, we will refer to as “non-‘other’ primary expenditures.”

Figure 7: Non-“Other” Primary Expenditures
Source: Central Bank of Ecuador and authors’ calculations

There was still some increase in spending in the second half of 2008, but the economy had been weakening throughout 2008, with unemployment rising from 5 percent in December 2007 to 6 percent in December 2008. It appears that the additional spending in the latter half of 2008 helped stave off the recession.

This illustrates an important point. A positive correlation in cycles between spending and output does not imply fiscal policy is pro-cyclical. A perfectly stabilizing policy of countercyclical spending would not be correlated with cyclical output at all. Likewise, if countercyclical spending over-corrects for the cycle, then output rises and falls with spending, rather than the opposite.
If we accept your Graph 4B as valid, then a 1 percentage point increase in the output cycle is associated with a 2.5 percentage point increase in government expenditures. If we take this relationship to be fixed as a baseline, then the multiplier on expenditures will vary inversely with the ratio of trend expenditures to trend output. This, in turn, suggests a path of counterfactual expenditures that would have stabilized output along the trend.

Therefore, we find that, between the fourth quarter of 2007 and the fourth quarter of 2008, the stabilization of output around the observed trend required the government to increase expenditures from 19.8 percent of GDP to 27.5 percent. In fact, government expenditures rose from 19.7 to 29.4 percent of GDP. By this construction, in the first quarter of 2009 — having withdrawn much of this additional spending ― the government was still overspending by 0.5 percentage points of GDP. If anything, spending over these early years of the Correa administration suggests an overcorrection for the business cycle — not pro-cyclical fiscal policy.

You claim that Ecuador’s economy has not grown especially fast under Correa, objecting to our comparison to the 1980–2006 period, preferring 2000 as a starting point because dollarization “represents a major structural break.” Ironically, you also cite the effects of the unusually strong 1997–98 El Nino as damaging to pre-2000 growth. Whether due to dollarization, El Nino, or other factors, the economy was pretty clearly depressed at the start of 2000. According to the Central Bank of Ecuador, GDP in the first quarter was 8.6 percent below its peak in the fourth quarter of 1997. By contrast, Correa inherited an economy less than 0.4 percent below its peak in the fourth quarter of 2006. This suggests that the potential for growth from 2000 to 2007 was higher than that from 2007 onward. At worst, the growth rates for the two periods are comparable.

Similarly, you cite the 1987 earthquakes as damaging to growth over the 1980–2006 period. This is ridiculous. While GDP fell 6.0 percent in 1987, it bounced back quickly, growing 10.5 percent in 1988. Likewise, if the effects of the unusually strong 1997–98 El Nino must be accounted for, then what do we make of the even stronger 2014–16 event? The fact is, over decades there will be unusual events. There is no obvious reason to think that 1980–2000 was unusual in this regard.

Sincerely,

James K. Galbraith, Lloyd M. Bentsen Jr. Chair in Government/Business Relations and Professor of Government at the LBJ School of Public Affairs, University of Texas at Austin

Ha-Joon Chang, Department of Economics, University of Cambridge, United Kingdom

William K. Black, Associate Professor of Economics and Law, University of Missouri-Kansas City

Pavlina R. Tcherneva, Associate Professor and Chair of the Department of Economics and the Economics and Finance Program at the Levy Economics Institute, Bard College

Mark Weisbrot, Co-Director, Center for Economic and Policy Research

Jayati Ghosh, Professor of Economics, Jawaharlal Nehru University, New Delhi, India and Executive Secretary, International Development Economics Associates, India

Ann Markusen, Professor Emerita and Director, Project on Regional and Industrial Economics, University of Minnesota

Matias Vernengo, Professor of Economics, Bucknell University and Co-editor of the Review of Keynesian Economics

John Willoughby, Professor of Economics, American University

Dean Baker, Co-Director, Center for Economic and Policy Research

Amitava Krishna Dutt, Professor of Economics and Political Science, University of Notre Dame and Distinguished Professor, FLACSO, Ecuador

Mustafa Özer, Professor, FEAS, Department of Economics, Anadolu University, Eskişehir, Turkey

Eileen Appelbaum, Senior Economist, Center for Economic and Policy Research

Mark A. Price, Labor Economist, Keystone Research Center

Gustavo Indart, Associate Professor, Department of Economics, University of Toronto, Canada

Genaro Grasso, Economist at University of Buenos Aires and University of San Martín, Argentina and Researcher at Institute of High Social Studies, IDAES and Cultural Center of Cooperation, CCC

Mark Paul, Postdoctoral Associate, Samuel DuBois Cook Center on Social Equity at Duke University

Renee Prendergast, Reader in Economics, Management School, Queen's University Belfast, Belfast, Northern Ireland

Nicola Melloni, Visiting Fellow, Munk School of Global Affairs, University of Toronto, Canada

Arthur MacEwan, Professor Emeritus of Economics, University of Massachusetts Boston

Korkut Boratav, Turkish Social Science Association, Turkey

Peter Dorman, Professor of Political Economy, The Evergreen State College

Joseph Ricciardi, Associate Professor of Economics, Babson College, Wellesley, MA

Venkatesh Athreya, Adjunct Professor, Asian College of Journalism, Chennai and Adjunct Professor, Rajiv Gandhi National Institute for Youth Development, Chennai

Eduardo Strachman, Associate Professor, Department of Economics - São Paulo State University (UNESP) - Brazil

Irene van Staveren, Professor of Pluralist Development Economics, International Institute of Social Studies of Erasmus University Rotterdam, Netherlands

Romina Kupelian, Researcher, Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo Argentino (CEFID-AR); Advisor at the Central Bank of Argentina (BCRA)

Ron Baiman, Assistant Professor, Graduate Business Administration, Benedictine University, Lisle, IL
Michael Meeropol, Professor Emeritus of Economics Western New England University

Antonio Savoia, Lecturer in Development Economics, Global Development Institute, The University of Manchester, UK

Michael Ash, Professor of Economics and Public Policy, University of Massachusetts Amherst




[1] This is an account in which the government deposits funds to cover the cost of importing petroleum derivatives and liquid gas for domestic use. The unused money in this account is supposed to roll over at the end of the fiscal year.